TENEMOS UNA DEUDA CON PEDRO PÁEZ
Quién es Pedro Páez? La sola pregunta debería indignarnos… Comprenderéis por qué si os decimos que fue el auténtico descubridor de las fuentes del Nilo Azul. Mejor dicho, el primer europeo en disfrutar de su vista, porque hay que reconocer que “descubrir” es un verbo un poco presuntuoso… Equivaldría a decir que ninguno de los habitantes de una zona que ha estado poblada por más de 2 millones de años las ha visto jamás, o incluso que, habiéndolas visto, no tendría ningún valor hasta que no fuera visto por un europeo, como si fuera una especie aparte dotada de cualidades especiales para apreciar el valor de un sitio histórico o natural…
En cualquier caso, las cultas sociedades europeas estudiosas de la historia y la geografía del s.XVIII recompensaban con los mayores honores (e incluso títulos nobiliarios) a los exploradores que lograban ser los primeros en contemplar el lugar donde nacían los grandes ríos africanos. El escocés James Bruce se arrogó este mérito en cuanto a la rama azul del Nilo en 1768. Sin embargo, un español anónimo, un jesuita misionero que había nacido en un pueblo de la provincia de Madrid en 1564, había estado ya allí nada menos que 150 años antes, en 1618, sin reclamar honor ni mérito alguno para su persona.
El propio Bruce casi se delataba cuando se preocupó mucho, casi podríamos decir que demasiado, de desprestigiar a Páez en sus escritos, después de encontrar varios documentos de éste describiendo el codiciado lugar. Le llamó poco menos que “estafador” cuando el pobre Páez ya no se podía defender.
Pero como al final el tiempo pone a todo el mundo en su sitio, se descubrió el pastel, y algún tiempo después le fue reconocido a Páez el mérito que siempre había sido suyo. Sin embargo, este reconocimiento ha sido a todas luces insuficiente, sobre todo en comparación con los premios que recogió Bruce mientras fue el titular impostor. Incluso hoy casi nadie sabe quién fue Pedro Páez, y menos en España, donde seguir su rastro es una auténtica hazaña.
LA INCREÍBLE HISTORIA DE UN HÉROE ANÓNIMO
Pedro Páez fue un jesuita enviado en misión evangelizadora a Etiopía. Hay que decir que ese era su sueño y que él lo quiso así, presentándose voluntario para tal misión. Realizar un viaje de semejantes características en un momento como aquél, en pleno s.XVII era algo que sólo realizaba un pequeño puñado de valientes. De hecho, tardó más de 10 años en llegar a su destino, durante los cuales intentó cruzar fronteras disfrazado, superó varias enfermedades, estuvo prisionero, perdido en el desierto y llegó a ser vendido como esclavo, entre otras muchas aventuras.
Una vez en Etiopía, su labor en una pequeña ciudad del norte del país llegó pronto a oídos del Emperador Za Dengel, tanto porque predicaba una religión diferente como por su erudición y sabiduría en muchas otras disciplinas. Después llegaría a convertir a este monarca y a su sucesor, Susinios, al catolicismo (para éste último incluso llegó a construir palacios como un verdadero arquitecto) y, en fin, a revolucionar la historia etíope de un modo que ningún otro europeo lo había hecho hasta entonces y pocos lo harían después. No en vano Etiopía es el único país africano jamás colonizado por una potencia extranjera.
Hay que decir que Etiopía es un país cuya religión mayoritaria ha sido tradicionalmente la cristiana ortodoxa, seguidora del Patriarca copto de Alejandría, en Egipto, y actualmente reconocida como Iglesia Ortodoxa Etíope, con su propio Patriarca nacional. Y siempre ha sido un Imperio, desde la legendaria Reina de Saba que supuestamente vivió en el s.X a.de C., hasta 1975, fecha en que fue destronado el último Emperador, Haile Selassie.
Pues bien, Etiopía era en el s.XVII un país misterioso y desconocido para Europa, como casi toda África. Pero sí se sabía que era un reino cristiano, así que resultaba políticamente interesante para países como España, embarcada hasta las cachas en su misión católica evangelizadora en el mundo conocido. Aquel país lejano y extraño, situado en un estratégico lugar frente a la península arábiga, era potencialmente capaz de colaborar en la contención del imparable avance del mundo musulmán. Y los jesuitas fueron los enviados en avanzadilla por el rey Felipe II para explorar el territorio y realizar una misión religiosa, pero con fines últimos políticos.
Pedro Páez cumplió su misión, aunque a su muerte casi todo lo que había conseguido se vino abajo. Etiopía volvió a ser copta y los católicos fueron perseguidos y masacrados por el propio hijo del Emperador que tan amigo había sido de Páez.
PARA SABER MÁS
Los amantes de la historia no deben perderse la traducción española de la “Historia de Etiopía” que Páez escribió en portugués.
En 1998 George Bishop escribió un libro sobre Pedro Páez cuya versión española, “Viaje y andanzas de Pedro Páez, primer europeo en las fuentes del Nilo”, se publicaría en 2002. En 2001, el viajero y escritor español Javier Reverte publicó “Dios, el Diablo y la aventura”. Ambos libros constituyen, que sepamos, la escasa literatura biográfica en español que existe hoy sobre nuestro personaje.
Os recomendamos también un artículo de los Profesores de la UNED Marina Alfonso Mola y Carlos Martínez Shaw, “Pedro Páez y la misión jesuítica en Etiopía en el contexto de la unión de las Coronas de España y Portugal” (puedes descargártelo aquí).
Aprenderéis mucho de la historia y cultura etíopes, y sacaréis del anonimato a un personaje genial que, más allá de su profesión real, puede ser recordado como viajero, escritor, arquitecto, botánico, aventurero, explorador y por supuesto, como descubridor.




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